‘La vida de Adèle’ cede ante las presiones ultraconservadoras en Francia

Raquel Megido

Francia, que no solo fue cuna del cine sino que hoy en día es uno de los pocos estanques cinematográficos capaces de pervivir sin beber de las aguas de Hollywood, vive ahora momentos algo oscuros en el sector cinematográfico.

Las actuaciones de la  Asociación Promouvoir, un lobby ultraconservador, están ejerciendo desde hace algún tiempo una gran presión sobre el Centro Nacional de Cine de Francia. Su objetivo: “obstaculizar la representación del incesto, la violación y la homosexualidad” y “la promoción de los valores judeocristianos” en las películas.

Promovuoir ya consiguió en el año 2000 la aprobación de la clasificación “prohibido para menores de 18”, una categoría que no existía anteriormente en Francia, pero sus intervenciones van mucho más allá. El pasado Noviembre logró a través de los tribunales alterar la clasificación de La vida de Adèle, que se estrenó como “no recomendada para menores de 16” y que ahora tiene su difusión prohibida para menores de edad. La justicia argumentó que su contenido podía herir la sensibilidad de los menores.

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Aunque el cambio pueda parecer superficial, más si cabe cuando la película fue estrenada en cines hace tiempo, lo cierto es que afecta brutalmente a la hora de su distribución y explotación. El más claro ejemplo es que las películas clasificadas para mayores de 18 tienen un difícil encaje para su exhibición en televisión y, por tanto, se complica enormemente  la recaudación de beneficios.

Cabe resaltar que la clasificación para adultos de Francia no es equiparable a la que estamos acostumbrados a ver en España. La categoría española tan solo supone la advertencia explícita de que el contenido puede no ser adecuado para menores, pero no alcalza el grado de prohibición absoluta como sí ocurre con la homóloga francesa. En todo caso, las películas con un contenido excesivo o que hacen apología de la violencia (como fue el caso de Saw VI) son restringidas en España a su exhibición en salas X.

La vida de Adèle no ha sido la única en pasar por los tribunales, la segunda parte de la ‘polémica’ Nymphomaniac, de Lars Von Trier, así como Love, de Gaspar Noé, han corrido la misma suerte. La última prohibición tuvo lugar este mismo mes, se trata de Antichrist, siete años después de que el danés la estrenase en la gran pantalla. También están en el punto de mira Bang Bang de Eva Hudson y la última creación de Tarantino, Los odiosos 8.

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André Bonnet, abogado y fundador de Promouvoir, asegura de este cine que “tiene el objetivo confeso de participar en la destrucción de las estructuras sociales y familiares en nombre de un libertarismo sin límite”. Por su parte, círculos del sector cinematográfico  ya han alzado sus voces para criticar estos ataques a la libertad de expresión que califican de “censura para imponer los valores cristianos a la fuerza”. Gaspar Noé se refería a este movimiento ultraconservador apuntando que “lo chocante no es que exista, sino que Francia les dé la razón” y se mostraba preocupado “porque a causa de este tipo de cosas, los directores o productores puedan empezar a tener miedo y se autocensuren”.

Sorprende sin embargo, y mucho, la opinión del director de La vida de Adèle. Abdellatif Kechiche asegura que no le molestaría que su película fuese prohibida a menores. “Mis películas hablan de adolescencia, pero se dirigen más bien a aquellos que sienten nostalgia por la adolescencia. Tiene más interés para los adultos que para los adolescentes. Nunca pensé que mi película fuera a ver vista por niños de 12 años y, personalmente, he desaconsejado a mi hija que la vea antes de los 14 o 15 años”, declaró al diario Le Monde.  A pesar de la escasa molestia del director e incluso de su apoyo a la nueva clasificación para la película, el caso de Adèle ha sido uno de los que más ampollas ha levantado en la comunidad cineasta, hasta el punto de que el propio ministerio de cultura aseguró que recurriría la sentencia de los tribunales.

A modo de conclusión cabe preguntarse si es que la sociedad francesa está tomando un giro conservador. La resuesta queda en el aire, sobre todo teniendo en cuenta que la asociación que tanto revuelo ha provocado es tan minoritaria que apenas cuenta con  unos 300 miembros. Lo cierto es que la clasificación de edades y prohibición de películas es un debate complicado que en muchos de los casos implica jugar con los límites de la libertad de expresión. Algunas de las medidas reclamadas pueden llegar a rozar el absurdo, de hecho, no hace mucho que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pedía a los estados que tipificasen todas las películas y series con escenas en las que alguien fume como contenido para adultos. Un gesto tan habitual que se puede encontrar en el 44% de los filmes del gigante americano. ¿Os imagináis qué sería del Humphrey Bogard de Casablanca o de la Audrey Hepburn que desayunaba frente a Tiffany’s sin su mítico cigarrillo?

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