La princesa que Hollywood no quiere que veas

Edurne Morillo

‘EL Cuento de la Princesa Kaguya’ (2013) es la última obra del director japonés Isao Takahata y la penúltima del estudio de animación del que es co-fundador: Studio Ghibli. La película supuso el broche final a los más de 20 años de trayectoria en los que lleva operando el Estudio en Japón. Ghibli anunció su cierre el verano pasado como consecuencia de una serie de desafortunadas situaciones, entre ellas: la falta de recaudación en taquilla, la escasez de creativos y  la retirada del mítico y admirado director Hayao Miyazaki, a sus 74 años de edad.

No obstante, ‘Kaguya’ ha logrado dar una nota de alegría a la noticia del cierre, consiguiendo ser nominada a mejor película de animación en los Premios Oscar, que se celebraron a finales del pasado febrero. La película, que cosechó unas cifras bajas en la taquilla japonesa, consiguió el 97% de la recaudación en el extranjero. Sin embargo, sí pareció agradar a la crítica internacional y atrajo la atención de numerosos festivales.

Kaguya al ser recogida por el cortador de bambú.

Kaguya al ser recogida por el cortador de bambú.


  • El valor de su contenido

La historia, que proviene de un cuento popular de origen japonés, nos cuenta las vivencias de Kaguya, un bebé que es encontrado por un aldeano en el interior de una caña de bambú. La pequeña, que está rodeado durante todo el film por un halo de misticismo y de magia, crece siguiendo las órdenes de su padre adoptivo para convertirse en una verdadera princesa. Sin embargo, Kaguya no es como ninguna de las princesas que estamos acostumbrados a ver en los estudios occidentales, como Disney. Kaguya crece a una velocidad acelerada y pronto hace patente su desacuerdo ante todo aquello que le rodea y el destino que le ha sido marcado por la sociedad. Ella no quiere ser una princesa, tampoco pertenecer a ningún príncipe, declarando que “no será el tesoro de un noble”. La protagonista prefiere los placeres sencillos, poder descubrir el mundo por sí misma y vivir una vida tranquila de su aldea natal.

Kaguya se niega a seguir los convencionalismos de la vida noble: no quiere usar maquillaje, cambiar su aspecto y vestimenta y tampoco dedicar su tiempo al estudio de las artes escénicas con las que debe entretener a su futuro marido. En varias ocasiones se niega a casarse o a ser “rescatada” por los numerosos hombres que la cortejan. Todo esto en un mundo y en una época en la que los hombres no pueden ser rechazados. Ella no es una princesa más buscando el amor de un hombre para poder alcanzar la felicidad, prefiere demostrar su amor por la naturaleza y buscar la felicidad en los detalles de su entorno.

  • El valor visual de la película

Takahata vuelve con esta película a una animación más tradicional, caracterizada por el uso de acuarelas y de colores cálidos. La calidad técnica de la obra es exquisita y se acerca mucho a la consideración de obra de arte. ‘Kaguya’ fluye, al igual que un río, con tranquilidad pero sin dejar ningún elemento fuera: los escenarios están sumamente cuidados al igual que los diálogos, el diseño de vestuario y la música, compuesta por el gran Joe Hishaishi. En algunas ocasiones, los planos se desdibujan y se convierten en sucesiones de líneas, que os hacen plantearnos, aún más, el cuidado de la dirección fotográfica y artística.

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  • La polémica de los Oscar

Una vez más los Oscar despertaron este año una gran polémica en la categoría de animación. En general, esta categoría resulta la gran olvidada y una de las que se encuentra más sometida a los convencionalismos imperantes en el cine de Hollywood. Este año la película que resultó vencedora fue ‘Big Hero 6’, una película que, aunque bastante entrañable, no despuntaba en exceso de lo que estamos acostumbrados a ver de la factoría Disney. ‘El Cuento de la Princesa Kaguya’, que consiguió la nominación, no contó con el interés de los académicos que llevan a cabo las votaciones. En las pasadas semanas, un periodista sacó a la luz los comentarios que varios académicos hacían sobre la película: algunos la tachaban de aburrida, mientras que otros llegaron a definirla como “Chinese fuckin’ things”. Estos calificativos y la clasificación por edades que EEUU hizo de la película (que consideró que contenía escenas de desnudez y de violencia), ha provocado que esta obra de arte estética haya quedado profundamente relegada a un inmerecido segundo plano.

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