Villa Touma – “Las chicas respetables no tocan el tambor”

CRÓNICA Ι Jana Dolan

Si se viene al Cine Doré, probablemente no se espera una película mainstream. Si además se viene por la muestra de cine palestino, se puede asumir que la película proyectada va a ser poco común. Por eso, la noche del martes dos de diciembre me encontraba expectante en una silla del Cine Doré poco antes de iniciarse la presentación. La sala pintada azul estaba llena aquella noche. Se interrumpió el murmullo con la voz de una mujer con micrófono, que saludó al público y explicó que la obra mostrada era de “brillantes artistas palestinas“.

La película proyectada era Villa Touma, una película de Suhu Arraf que trata de cuatros mujeres cristianas que viven en Ramallah, una ciudad palestina ocupada por Israel.

Desde el principio se muestra un ambiente desagradable en la película. Cuando Badía, la protagonista, se instaló a la casa de sus tres tías, la llegada no fue nada cariñosa. El silencio incómodo y la tensión estaban presentes a lo largo de todo el film.

Las tías eran ejemplos de la burguesía. Se habían aislado de la realidad alrededor de ellas y se negaban a aceptar que su antigua vida de bienestar y comoidades no existía desde hace tiempo.

Resulta que todo en su vida presenta parece raro y poco natural: desde su ropa hasta la manera de beber café. Como el público se identifica con Badía, al principio no entiende las normas y prohibiciones de sus tías. No se le permite hablar en la mesa, se intercambían miradas sugestivas y cada movimiento parece preparado.

Es interesante mirar las mujeres, por ejemplo cuando beben té, momento en el que el tiempo parece una eternidad, pues no hablan ninguna palabra.

En la película se aportan pocas explicaciones, ni para Badía ni para el público. Después de que la tía mayor había decidido que deberían encontrar un marido para Badía, se manifiesta lo extrañas que –para ellas- son las mujeres del resto del mundo. Lo más importante para ellos es mantener la apariencia de que nada ha cambiado. Antes de poder presentar a Badía a maridos y suegras potenciales, esta tendría que aprender francés, tocar el piano y mejorar su postura corporal.

Ha llegado el momento para nosotros de buscar un marido para Badia. No es una niña más.”

y dónde exactamente se supone que vayamos a encontrar uno?”

Primero le debemos enseñar cómo se comporta una señorita respetable. Tendremos que encontrar un profesor de piano, un tutor de francés y ropa nueva que refleje su estado. Y el domingo próximo, va a ir a acompañarnos a la iglesia.”

Sin embargo, no había ningún hombre libre y adecuado. Cuando las mujeres se desplazan a la iglesia, parecen de otra época. En ese momento, me recuerdan un poco a la versión de Disney de Cenicienta y la Madrastra desesperada que quiere casar a sus hijas.

Tengo que admitir que estaba un poco aliviada cuando la película terminó y el ambiente desagradable desapareció. Y tenía la sensación que no era la única que pensaba así. A pesar de todo, casi toda la gente se quedó sentada hasta el final de los créditos.

Me fui en el camino a casa pensando que en realidad, sé demasiado poco sobre la situación de estas mujeres, y que debería cambiarlo.

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