Carcajadas que cambian la historia

CRÓNICA

Raquel López

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Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo presentaron el jueves 13 de noviembre en la Cineteca de Madrid Un bigote para dos


No era una película cualquiera la que se proyectaba el pasado jueves en la Cineteca (la sala de cine del Matadero) y eso se palpaba en la actitud de los asistentes. Quienes aguardábamos los minutos previos a entrar en la Sala Azcona apenas teníamos cierta idea de lo que a continuación íbamos a ver. Sabíamos que era una película alemana que en su día Mihura y Tono -dos de los genios de La codorniz– habían decidido doblar en clave de humor. También que décadas después y perdidas todas las copias de aquel experimento (las últimas se extraviaron en un incendio en 1960), dos historiadores de cine habían decidido recuperarlo y subtitular las genialidades que sustituyeron al audio original del filme. Lo que desconocíamos quienes nos íbamos sentando en la curiosa sala (cuyas paredes y techo están completamente cubiertos por pequeñas bombillas) es el estupor y las carcajadas que nos iba a provocar Un bigote para dos.

La película originaria era de procedencia alemana y se estrenó en 1935 bajo el título de Unsterbliche melodien. Lo que Heinz Paul -su director- ideó como un largometraje que abordaba la vida de Johan Strauss sirvió en cambio a dos españolitos -Miguel Mihura y Antonio de Lara (Tono)- para “huir de lo tradicional y subvertir las normas cinematográficas establecidas”. Así lo aseguraron los encargados de recuperar esta singular creación: Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo, quienes además plantearon otro asunto muy interesante, que en lo temático este también fue un film muy innovador.

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Carlos F. Heredero, Felipe Cabrerizo y Santiago Aguilar en un momento del coloquio

Sin embargo, quien escribe estas líneas no pudo evitar echar de menos algo: nombres femeninos. Ni quien había dirigido la obra original, ni quienes experimentaron con ella en pleno franquismo ni los que ahora la han reconstruido. Ni siquiera el moderador del coloquio (Carlos F. Heredero, director de Caimán cuadernos de cine) que siguió a la proyección era una mujer. De nuevo, la única representación femenina se encontraba en los personajes y, por tanto, en las actrices. De hecho, el argumento de las películas –pues Unsterbliche melodien y Un bigote para dos se han de considerar obras distintas- es completamente estereotípico: dos mujeres que quieren conquistar al mismo hombre.

Santiago Aguilar quiso hacer ver al público el gran mérito que tiene plantear temas tabú en un totalitarismo –como la pedofilia o la zoofilia- a través de una producción audiovisual. Y sin embargo, ¿por qué un tabú de la magnitud y la relevancia de la profesionalización y el reconocimiento del trabajo de las mujeres no ha dejado de ser tal en un estado democrático en pleno siglo XXI? Si los chascarrillos de los humoristas de La Codorniz consiguieron que se sorteara la censura y Un bigote para dos se pudiera estrenar en 1940 en el Cine Rialto de Madrid, ¿no deberíamos plantearnos servirnos del humor como instrumento en la lucha por la igualdad? Tal vez así quienes ven las producciones audiovisuales que tratan temas relacionados con las mujeres como algo lejano y ajeno se acercaran a ellas y les brindaran una oportunidad. Tal vez, incluso gracias a la risa llegaran a la empatía.

Aguilar y Cabrerizo dijeron inmediatamente después de ver la película y de escuchar a la sala entera reírse que lo pasaron muy bien reconstruyéndola y también viéndola. Por tanto, queda claro que la herramienta que idearon y desarrollaron Mihura, Tono y todos aquellos que tuvieron mucho ingenio y poca libertad: el humor blanco, no solo es una forma de comunicar en medio de una dictadura, sino que además cumple su propósito natural: hacer reír. Quienes entramos a la Cineteca sin saber muy bien qué sentimiento nos causaría Un bigote para dos, salimos con una sonrisa en la boca y una enseñanza valiosísima: que el humor es un arma infalible para comunicar aquello que seriamente no se nos permite decir.

El evento tuvo lugar en la Cineteca, el espacio dedicado al cine en el Matadero de Madrid, que se encuentra en Madrid Río:

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