La vida es inesperada

CRÓNICA | Noelia Lázaro

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La obra de Jorge Torregrossa se proyectó en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España el pasado 7 de noviembre.


A las siete y media comenzaba la visualización de la película española La vida inesperada en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Allí me encontraba yo el pasado 7 de noviembre, dispuesta a ver una película en la que debutan Javier Cámara y Raúl Arévalo y su posterior coloquio con el director de dicha obra, Jorge Torregrossa, quien con 41 años produjo este corto en la ciudad de Nueva York.

Sentada en segunda fila y con un dolor de cuello terrible –hay que admitir que los sillones de la academia no son muy cómodos- disfruté de una hora y cuarenta y cinco minutos de una obra que si bien no sorprende, te deja con un buen sabor de boca. Llena deindudables referencias a las películas del aclamado director Woody Allen –del que personalmente me considero aficionada-, Jorge Torregrossa narra la historia de Juanito, un actor español que se traslada a Nueva York para conseguir trabajo, que con la visita de su primo diez años más tarde se dará cuenta de que sus sueños no se han cumplido y que la vida no es tal como él se esperaba en un principio.
El guión está escrito por Elvira Lindo aunque contiene algunas modificaciones del director. El propio Torregrossa hablaba en el coloquio de lo llamativo del mismo, lo que le cautivo: “Cuando leí el guion mi sensación fue inmediata. Me sentí súper identificado con Juanito, había vivido la doble cara de esa ciudad que por un lado parece que te promete todo y luego no es así y también había conocido a esa gente que se queda estancada en los sueños”.
Y es que Torregrossa ha estado viviendo en Estados Unidos durante casi una década, lugar que ha acabado sintiendo como su propia casa y del que no esperaba volver hasta hace algunos años. Nos comentaba a los asistentes que allí comenzó a estudiar hace catorce años y tuvo el privilegio de recibir clases de profesionales consagrados del cine como Ang Lee o Martin Scorsese, directores que le llevaron a amar su profesión: “Yo comparto con muchos directores de mi generación una pasión por esas películas que vemos de muy jóvenes en el cine de principios de los 80, que despertaron pasión por contar historias y hacer sentir a la gente en las butacas emociones y aventuras”.

No obstante, hay un aspecto muy concreto de la película que llama la atención, y es que en un momento dado se hace una perfecta descripción de la típica mujer americana, volviendo a los tan nombrados esterotipos adquiridos por el cine clásico: una mujer independiente que no quiere que las cosas duren y acaba dañando al hombre, jugando con él, lo que más o menos se podría considerar una femme fatale moderna; aunque todo ello se camufla bajo el contexto de una comedia dramática.

Ahora, si se puede compartir una opinión con el director es la de que los mejores momentos de la película son aquellos sin palabras, en los que predomina la imagen visual y sólo queda la interpretación de los personajes reducidos a su esencia: “Uno de los grandes retos de esta película era que la comedia estuviera informada de todas esas cosas que tienen mucho peso en la vida y que le están pasando al personaje y no es capaz de articular […] Lo que me interesa de los personajes son sus lacras emocionales, lo que ellos mismos no son capaces de decir en voz alta”.

Sin duda, habrá un sinfín de opiniones de lo más variopintas a la hora de juzgar esta película, pero para quien en estas líneas se expresa La vida inesperada es como un rayo de luz que entra por una fría ventana situada en un pequeño piso de Madison Avenue; una comedia que expresa con un tono amargo los contratiempos de la vida, que eleva su sentido mucho más allá de las bromas y en definitiva, una comedia que nos demuestra que no hay que tomarse la vida muy en serio, que hay que disfrutar cada momento antes de que se nos escape entre los dedos pues por mucho que esperes de la vida, esta siempre será inesperada.
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