“Semiotics of the Kitchen”: Martha Rosler, la anti Julia Child

El vídeoarte es una una herramienta original y con mucha fuerza reivindicativa para la expresión y la comunicación, de una manera muy plástica los autores pueden verter sus opiniones y visiones del mundo y transmitirlos al resto sin necesidad de palabras. Hay muchos tipos de vídeoarte, uno de los más comunes es el vídeoarte de carácter más social y crítico, en él se han han apoyado muchos movimientos para coger fuerza reivindicativa. Dentro de este campo se encuentra el vídeoarte feminista: una expresióna artística hecha por mujeres para la sociedad en general, que reivindica la figura de la mujer. El feminismo es un movimiento algo distinto a la mayoría de movimientos políticos: no busca hacerse con el poder sino que es un movimiento que persigue la redefinición de conceptos y, por tanto, encaja a la perfección con el vídeoarte: la desligación del poder y la intención de conceptualizar, de remover las conciencias.

El vídeoarte es un movimiento artístico que nace en los sesenta tanto en Estados Unidos como en Europa y, precisamente, fue su época de aparición cuando más auge tuvo este movimiento, expandiéndose su apogeo hasta los setenta. También en esta época se desarrollan en Estados Unidos una ola de corrientes formadas por grupos sociales descontentos con el aspecto de la realidad social -pacifismo, ecologismo, movimiento hippie, estudiantil,…-; dentro de este contexto de reclamación de cambios, nace la tercera ola de feminismo. Esta simultaneidad de ambos movimientos -feminismo y vídeoarte- influye en que estén íntimamente relacionados pues conviven en un contexto común y se nutren el uno de el otro.

Otra circunstancia social que propicio el éxito de esta corriente artística fue la consolidación de los medios de comunicación de masas: el vídeoarte era una forma alternativa, relativamente sencilla y económica de crear un mensaje artístico a la par que eficaz que llegara a un gran número de gente. La principal diferencia entre vídeoarte y cine -al margen de la duración- es que el primero no cumple necesariamente con las convenciones del cine, es un género que disfruta de mayor libertad.

El vídeoarte no es un movimiento aislado, está relacionado con otros muchos movimientos: la performance es uno de los más importantes. Ambos movimientos se complementan: en muchas ocasiones un vídeoarte  es la grabación -espontánea o buscada- de una performance. El vídeo se convertía en una potente herramienta para dejar constancia de las performance y corregir así la naturaleza efímera que caracterizaba a este género. Además, el formato audiovisual producía un gran impacto y multiplicaba las posibilidades de creación, por eso se vio en él una manera más original y eficaz de protesta, unido al hecho de ser un soporte innovador que rompía con toda tradición de protesta anterior: estas podían quedar registradas y ser difundidas. Tan solo un fallo encontraron a esta nueva forma de expresión: el tiempo de impacto del vídeo es corto, por eso era importante que la producción de vídeos no se parase, por eso hay una gran abundancia de piezas de poca duración.

Según Karen Cordero e Inda Sáenz en su libro Crítica feminista en la teoría e historia del arte, el arte feminista es “una forma de ver y analizar el mundo tomando en cuenta la primacía de las relaciones de género como relaciones de poder, que estructuran tanto aspectos objetivos como subjetivos de la realidad social y cultural, así como la conciencia y la vivencia psicológica y propiamente corporal”.

Otro de los objetivos de estos videos era el de romper con los roles asignados al sector femenino durante toda la historia, además de con el estereotipo de belleza femenina, las videoartistas se convertían entonces en activistas dispuestas a reformular los valores culturales occidentales tradicionales. El cuerpo de la mujer era el foco principal en muchas de las obras convirtiéndose en el protagonista, un cuerpo que se mueve, construye y crea arte. En varias ocasiones los propios vídeos llegaban a ser tachados como pornográficos, cuando en realidad tan solo era un culto al cuerpo femenino. Una de las obras más conocidas y que más críticas suscitó fue la performance realizada por Yoko Ono en el centro de Nueva York, Cut Piece, en la que invitaba a sus espectadores a que cortaran su vestido hasta que quedó totalmente desnuda. Esta performance fue grabada y se transformó en un vídeoarte de nueve minutos.

Actualmente, el videoarte ha continuado con su proceso de experimentación, ha evolucionado y se mueve por otros caminos muy distintos a los predominantes en los años de su aparición. La principal recriminación que se hace hoy en día es el desacuerdo ante los roles sociales transmitidos a lo largo de la historia, fruto de la sociedad patriarcal -tanto en hombres como en mujeres-. Las turbaciones de las artistas son distintas, ya no asistimos a un vídeoarte con una carga feminista tan fuerte como en sus orígenes -aunque se siguen produciendo vídeos de este tipo-. Ahora contamos con vídeoartistas como Cecile Babiole, Dora García o Karou Katayama, mujeres que no producen sus trabajos desde una perspectiva tan radicalmente feminista pero que han sido influidas por las nuevas tecnologías por lo que experimentan por los caminos de la interacción.

Semiotics of the Kitchen

Una de las piezas clave en el videoarte feminista es Semiotics of the Kitchen (Semiótica de la cocina) de Martha Rosler. En esta parodia, la creadora aparece en una cocina y recita su particular abecedario compuesto por utensilios e ingredientes presentes en la cocina. En orden, va pasando por todas las letras a excepción de las séis últimas -desde la U-, que representa con su propio cuerpo lo que simboliza que el propio cuerpo de la mujer también es visto como un instrumento destinado al sistema de producción doméstica. La mujer es vista como objeto en una sociedad machista. Resulta irónico el choque entre lo que una misma habitación -la cocina- significa para la mujer en comparación con el resto de la sociedad. Lo que, para muchos es un lugar agradable de donde salen deliciosos manjares, para la mujer es el centro de la esclavitud en un mundo regido por el patriarcado. Aun así debemos aclarar que, pese a desarrollarse el vídeo en la cocina, la autora busca reivindicar la opresión a la que se ve sometido el colectivo femenino en todas sus facetas, no sólo dentro de la cocina o restringiéndose sólo a su labor como productora de alimentos, sino una crítica a todos los campos de la vida diaria en la que la mujer se ve sometida al hombre.

El objetivo de Rosler aquí era representar lo opuesto a la perfecta ama de casa, lo que ella llama “una anti-Julia Child sustituye el ‘significado’ doméstico de los utensilios de cocina por un léxico de frustración y cólera”. Julia Child era una cocinera que hacía programas en televisión y que, para Rosler, describe lo que la sociedad patriarcal entiende que debería ser la mujer: una ama de casa perfecta. La autora con este videoarte busca ridiculizar esta situación a la vez que destapar y dar salida a la frustración que el rol de ama de casa produce en las mujeres.

Los movimientos de la mujer, así como su rostro, su expresión y su tono al hablar son monótonos, la artista se esfuerza en reflejar lo monótona y tortuosa que es esa vida de sumisión en la que se ve a la mujer casi como una herramienta más, parte del sistema de producción de alimentos, de la limpieza y orden doméstico, del cuidado de los niños,… Las mujeres son vistas casi como un robot como el que parece simular ser el el vídeo.

Como se ha señalado anteriormente, el videoarte complementaba a las performance pues brindaba una oportunidad para grabarlas y reproducirlas una y otra vez. En esta ocasión, sin llegar a ser una performance como tal, Rosler imita el efecto ya que graba con una cámara que permanece totalmente estática durante los 6 minutos de vídeo para no desconcentrar de la actuación y, a la vez, simular que estamos viendola en directo, como si nos encontráramos en un teatro. Además, esta utilización de un plano estático aporta aún más sobriedad y monotonía a la escena aumentando la sensación de rutina; Rosler busca la ausencia de dinamismo, hasta los movimientos -a pesar de violentos- son lentos, el vídeo, a pesar de durar poco más de 6 minutos llega a resultar largo, esto busca que las acciones nos resulten aún más tediosas y rutinarias. Si a esto le añadimos que el vídeo carece de música el efecto se multiplica y aporta más dramatismo.

La cara de la mujer permanece inexpresiva durante todo el vídeo, sin embargo la pieza está cargada de significado. Mediante los movimientos bruscos y violentos se puede ver la rabia y la frustración fruto de la opresión que sufren las mujeres en la sociedad moderna. Al realizar las labores de su rol impuesto como ama de casa que la encorsetan y, al no poder liberarse, sufre una gran frustración que sólo puede desatarse en forma de violencia y dejando ver la rabia que contiene.

El hecho de que los movimientos y sonidos violentos los genere una mujer provoca un doble efecto de impacto al espectador, que suele asignar a la figura de la mujer un rol en el que se entiende que debe ser un ser suave y agradable, un ser del que dan por hecho que va a ser feliz con su papel de producir la felicidad ajena, pero no es así, y este sufrimiento surge en forma de violencia. Esta violencia se acentúa con determinados instrumentos, por ejemplo con el cuchillo (knife) y el tenedor (fork) con los que realiza acciones de pinchar de forma exageradamente violenta y en las últimas letras -a partir de la U- que realiza con su cuerpo y los instrumentos en la mano; la Z hace referencia a la película del zorro, haciendo la letra en el aire. La violencia con la que emplea estos utensilios también puede entenderse como que, en cierta forma, son las armas de la esclavitud de las mujeres.

Martha Rosler dijo de su vídeo: “cuando la mujer habla, nombra su propia opresión”, haciendo referencia a que los instrumentos que nombraba en el vídeo son las herramientas que contribuyen a su esclavitud. Evidentemente no son las culpables sino que son las que utiliza la sociedad opresora para domesticar a las mujeres.

Por último, el videoarte acaba con Rosler encogiéndose de hombros, como haciendo referencia a que, ante esta opresión, la mujer permanece sumisa y resignada.

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