Perdida – de una mujer sin escrúpulos

Jana Dolan

Amy, la protagonista de la adaptación de la novela de Gillian Flynn Perdida, tiene un carácter que, desde era niña, siempre ha estado reprimido y ausente de expectativas propias, estando dirigida su vida por otros. Así, este personaje cumple un gran número de los estereotipos negativos de una mujer moderna. Amy es guapa, inteligente, fría, mimada, narcisista – y no puede aceptar no conseguir lo que pretende. Pero pasa algún tiempo hasta se descubre que Amy no es la persona que simula ser al principio de la película.

La película juega con los prejuicios y estereotipos de los espectadores. Trata todos los tipos de pensamientos idealizados que la gente tiene de una vida exitosa en los tiempos del capitalismo. Amy y Nick, su marido, al principio de la película parecen tener este tipo de vida: los dos son personas guapas, jóvenes y exitosas que se encuentran y enamoran en Nueva York. Pero pronto las ilusiones de los dos van a quedar truncadas, cuando ambos pierden sus empleos por la crisis financiera. Por este motivo tienen que mudarse a una ciudad pequeña para cuidar la madre de Nick que está muy enferma y, además, se sienten incomprendidos y abandonados por su pareja.

Entonces, cuando Amy de repente desaparece y todo parece indicar que está secuestrada, Nick frustra las expectativas del público que le ven como un marido que debería estar de luto. No pasa mucho tiempo hasta que se afirma que este es la historia de un conflicto doméstico, con los típicos roles de víctima y verdugo. ¿Pero podría Nick, el hombre haragán y frustrado -pero a pesar de todo de buen carácter- haber matado a su mujer? No, Amy no es la víctima indefensa, sino todo lo contrario.

Perdida no solo cuenta la historia de un matrimonio roto y de las esperanzas truncadas que pueden causar conducta psicopática. También muestra un imagen muy negativa de los medios de comunicación, que siguen la desaparición de Amy con mucha atención. De hecho, ella había sido objeto de interés de los medios desde que sus padres la habían utilizado de niña para inventar “Amazing Amy”, una serie de novelas infantiles que se parecen a la vida de Amy pero siempre superando la realidad.

Jana Dolan

La película demuestra la gran capacidad que tienen algunas personas para manipular a otras y ejercer un control sobre ellas. Los dos protagonistas de Perdida manipulan. Amy lo hace casi a la perfección, presenta muy pocos momentos de debilidad; sabe qué palancas tiene que mover para obtener lo que quiere. Nick también lo hace y después de quedar patente el juego que se está practicando con él, empieza a utilizar las perspectivas que el público tiene de la historia. Por tanto, cine y actores son capaces de engañar a los espectadores con los giros que aparecen a lo largo de la historia. El resultado es frustrante. Lo que importa no es la verdad sino lo que se puede hacer creer el espectador que es verdadero en la historia.

Aunque la trama tal vez se propase al final, sirve muy bien para mostrar el poder de los estereotipos y de las ideas preconcebidas. Entre los clichés presentes, se encuentra el del carácter imprudente y diabólico de la protagonista femenina de la novela de Gillian Flynn, que explica su interpretación del femenismo diciendo: ¿Realmente se trata solo de poder femenino, autodeterminación (“ve a por él”), empoderamiento y ambición (“sé la mejor versión de ti mismo”)? Para mí, se trata también de la habilidad que tienen las mujeres que representan personajes malvados.”

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